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Si leyéramos La Republica, de Platón, observaríamos que la democracia no es el sistema perfecto de gobierno. El sistema perfecto es una tiranía regida por hombres sabios, con un gran ética y grandes conocimientos de la ciencia política dirigida al beneficio del pueblo. Se admite el debate, pero con un orden lógico, ético y científico, no los caóticos y confusos «debates gallineros» que se observan en las democracias actuales. Los ciudadanos podían reclamar, pero sabiendo lo que reclaman.
La civilizaciones antiguas de Egipto y Roma estaban regidas por grandes tiranos, los faraones y los césares, personas con alta formación en lo ético, espiritual y político, y con su mente dirigida al bienestar del pueblo. No eran civilizaciones dinerarias (el dinero no existía), por lo que difícilmente podía haber corrupción. Los denarios que se observan por ahí, en realidad, eran certificados, con los que podías sacar bienes de los almacenes del Estado. El dinero fue implantado por el emperador Constantino, cuando implantó.la banca y la iglesia católica.