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¿Quién fue en realidad el Hombre de la Máscara de Hierro?

No, no fue Leonardo DiCaprio. El hombre de la máscara de hierro existió realmente y, con toda probabilidad, sea el preso más famoso y enigmático de todos los tiempos; quien fue revelado por Voltaire e inspiró a Alejandro Dumas, la identidad del hombre de la máscara de hierro es, aún hoy en día, un completo misterio…

 

LA HISTORIA:

 Voltaire, que vivió entre 1694 y 1778, era un historiador, filosofo, escritor y abogado francés y una de las grandes figuras de la Ilustración. También habló, en una obra de 1752, de la existencia de los dos satélites de Marte un siglo antes de su descubrimiento oficial (1877).

Retratro de Voltaire. Cortesía de accionesdebolsa.com

 En una de sus obras más famosas, “El Siglo de Luis XIV” (1751), Voltare recoge lo que otros compañeros de prisión le habían contado acerca de un extraño personaje y su máscara cuando el escritor estuvo prisionero en la Bastilla en 1717 después de escribir una sátira contra el Duque de Orleans y su hija. Lo que Voltare nos cuenta acerca de ese extraño reo que viajó de presidio en presidio durante largos años fue:

 

Se envió, con máximo secreto, al castillo de la isla de Santa Margarita, en el mar de Provenza, a un prisionero desconocido, de estatura superior a lo común, joven y de la mas bella y fina estampa. Durante el viaje, el prisionero llevaba una mascara cuya mentonera tenía resortes de acero, que le permitían comer con la mascara puesta. Había ordenes de matarlo si se descubría. Permaneció en la isla hasta que un oficial de confianza, llamado Saint-Mars, alcaide de Pignerol, designado alcaide de la Bastilla en el año 1690, fue a buscarlo a la isla Santa Margarita y lo condujo a la Bastilla, siempre enmascarado. El marques de Louvois fue a verlo a la isla antes del traslado. El desconocido fue llevado a la Bastilla, donde se le alojó espléndidamente. No se le negaba nada de lo que pedía. Su mayor gusto era por la ropa de una fineza extraordinaria y por los encajes. Tocaba la guitarra. Se le daba la mejor comida y el alcaide rara vez se sentaba delante de él.

 

Esta es la referencia al prisionero que encontramos en la obra del ilustre historiador francés y, según parece, se ajusta a la realidad, ya que la historia del hombre de la máscara de hierro se pierde en una celda de la fortaleza de Pignerol en 1669. En 1665, el mosquero de confianza tanto de Luis XIV como de su ministro Louvois, Benigne de Saint-Mars, es nombrado comandante de dicho castillo situado en el corazón de los Alpes. El 19 de julio 1669, llega a Pignerol una misiva firmada por Louvois en la que se informa a Saint-Mars que, durante el próximo mes, llegaría un nuevo prisionero al castillo. El nombre del reo era Eustache Dauger. A la vez, se le dan instrucciones muy concretas a Saint-Mars. Debía preparar una celda con varias puertas superpuestas para que nadie “pueda escuchar dentro”. Solo recibiría la visita de Saint-Mars una vez al día y solo para pedirle lo que considerase necesario, so pena de asesinarlo si decía cualquier otra cosa mas.

 La carta presenta una peculiaridad que resulta bastante enigmática, y es que la letra que corresponde al nombre del prisionero (Eustache Dauger) es distinta a la del resto del texto, lo que ha empujado a muchos historiadores a suponer que el groso del mismo fue escrito por algún empleado al dictado de Louvois y que, sería el propio ministro a posteriori, quien añadiese el nombre, lo que podría indicar que el nombre era una tapadera para ocultar la verdadera identidad del reo.

Saint-Mars. Cortesía de wikipedia.org

 En la fortaleza de Pignerol, Saint-Mars vigila también a dos importantes presos. Uno de ellos es un antiguo ministro llamado Nicolas Fouquet que había sido puesto en prisión por supuesta malversación de fondos y el otro, el duque de Lauzun, que se había comprometido con la prima de Luis XIV (la duquesa de Montpensier que estaba considerada como “la heredera mas grande de Europa”) sin el consentimiento de este.

 

Por aquella época, cada preso de cierta importancia poseía, a su servicio, un asistente en su cautiverio. Se tiene constancia de que Dauger fue sirviente de Fouquet cuando el suyo estuvo enfermo. En 1675, Saint-Mars envía una petición formal a Louvois para que Dauger haga las labores de “criado” de Fouquet, ya que en la carta que había sido enviada a Pignerol se hacia explicita referencia a que Dauger solo era un “sirviente de cámara”. Louvois accede a la petición; pero da instrucciones de que Dauger solo puede estar en contacto con Fouquet y con nadie más, ni siquiera con Lauzun al que se prohibió tener contacto o conocimiento alguno de la existencia de Dauger.

Probablemente, tal prohibición se debió a que Fouquet jamas sería puesto en libertad, al contrario que Lauzun; por tanto,  si aquel tenía conocimiento y contacto con el misterioso preso, el secreto jamas saldría de las cuatro paredes de la celda de Fouquet.

Sin embargo, cuando Fouquet muere en la soledad de su celda el 23 de marzo de 1680, Saint-Mars descubre un pequeño agujero secreto entre las celdas de este y Lauzun (que estaban una encima de la otra), por lo que es muy probable que Lauzun tuviese conocimiento de la existencia de Dauger y las posibles confidencias entre éste y Fouquet. Lauzun negó categóricamente que por aquel agujero hubiese existido cualquier tipo de comunicación entre él y Fouquet. No obstante, Louvois da instrucciones de que Lauzun ocupe la celda de Fouquet y se le informe que Dauger solo era un sirviente que había sido puesto en libertad. Lauzun fue liberado en 1681.

 

Saint-Mars deja Pignerol en 1681 y asume la comandancia del fuerte de Exilles. Dos prisioneros le siguen. Uno de ellos es el hombre de la máscara de hierro. Cuando, en 1687, se convierte en el gobernador de la isla de Santa Margarita, frente a Cannes, lleva a uno de los dos hombre consigo (el otro probablemente era La Riviere, que murió en 1687). El cautivo es escondido en un carruaje cerrado, recubierto de moleskín.

El 18 de septiembre de 1698, Saint-Mars es nombrado comandante de la Bastilla. Un prisionero le sigue acompañando. Para ocultar su identidad, Saint-Mars le cubre el rostro con una mácara de terciopelo negro. Conocemos los detalles exactos pues, después de la revolución francesa, todo el edificio que representaba la represión absolutista (la Bastilla) fue destruido y no queda hoy nada de aquella impotente fortaleza. Lo que sí nos han llegado son algunos de los documentos de intendencia del presidio y, en especial, el diario de uno de los carceleros donde se inventariaba cada uno de los movimientos del penal:

 

“El 18 de septiembre, a las tres de la tarde, el nuevo gobernador de la Bastilla, el señor de Saint-Mars, ha tomado oficialmente el mando de esta prisión. Viene de la isla de Santa Margarita y San Honorato y ha traído con él, en una litera, a un viejo prisionero que ya custodiaba en Pignerol. Siempre lleva una máscara y no me han dicho su nombre, ni siquiera ha sido registrado…”

 

Finalmente, el 19 de noviembre de 1703, el misterioso prisionero muere en la Bastilla y es enterrado con el nombre de Marchiali en el cementerio de San Pablo de París. El diario del carcelero nos vuelve a dar constancia de ello:

 

“Lunes 19 de noviembre de 1703: el prisionero que el señor Saint-Mars trajo con él de la isla de Santa Margarita y estuvo aquí largo tiempo, murió a las 10 de la mañana […] el prisionero llevaba siempre una mascara de terciopelo negro”.

 

Y es que la “máscara de hierro” pudo solo haber sido un mito y el prisionero solo llevaría una máscara de terciopelo negro o, al menos, la máscara de hierro solo la llevaría en contadísimas ocasiones.

 Parece imposible, a los ojos de la medicina, que un hombre pueda sobrevivir llevando durante más de 30 años, una mascara de tales características sin quitársela nunca. El interior de dicho antifaz seria cálido, húmedo y graso, lo que proporcionaría las condiciones idóneas para la proliferación de hongos y bacterias. La piel estaría profundamente herida y encarnecida por el rozamiento con el metal, lo que podría provocar que parte de esos microorganismos nocivos entrasen en el torrente sanguíneo y terminasen por provocar la muerte por septicemia. Por lo tanto, la imagen del hombre portando permanentemente una máscara hecha de hierro puede ser, cuanto menos, un mito. Lo que sí parece constatado es que aquel prisionero siempre llevaba el rostro tapado –al menos en publico- bien por una tela de terciopelo o bien por una máscara de hierro.

 Con respecto a la identidad de aquel enigmático reo, mucho se ha especulado y las teorías han sido de lo mas variadas y cambiantes a lo largo de los siglos.

 

LOS CANDIDATOS:

 

Eustache Dauger:

 En la carta que Louvois le envía a Saint-Mars en Pignerol, se refiere al hombre de la máscara como Eustache Dauger… ¿Existió alguien con ese nombre? Parece que sí. Estauche Dauger nació el 30 de agosto de 1637 y fue uno de los hijos de François Dauger, capitán de la guardia de Richelieu.

En abril de 1659, Eustache (que por entonces servía en el ejercito) fue invitado a pasar las fiestas de Pascua en el castillo de Roissy-en-Brie. Allí, supuestamente, se habían llevado a cabo actos turbios y sórdidos entre los invitados, como atacar a un hombre que decía ser el abogado del cardenal Mazarino, llevar a cabo misas negras, fiestas homosexuales o comer cerdo en cuaresma.

Cuando esto se hizo publico se produjo un mayúsculo escándalo entre la sociedad de la época, lo que llevo a apresar a Dauger.

Otros opinan (como el historiador Duvivier) que Dauger no fue puesto en prisión por los hechos del castillo de Roissy-en-Brie sino por el asunto de los venenos que salpicó Francia entre 1677 y 1682.

Una serie de destacados miembros de la aristocracia francesa estuvieron implicados en una trama de envenenamientos y brujería, en el que habían sido asesinados varios miembros de lo mas alto de la sociedad francesa en tramas de herencias y asuntos satánicos. Estuvieron implicados más de 440 acusados y, uno de ellos sería, presuntamente, Dauger.

Durante la investigación se estimó que el proveedor de los venenos sería un cirujano llamado Auger. Según Duvivier, Dauger se habría convertido en Auger al verse desheredado y sin dinero.

De hecho, poco después de la muerte de Fouquet en la cárcel (cuando Dauger le habría servido como asistente), parece que existió una misiva (ahora desaparecida) entre Louvois y Saint-Mars en la que se hacia referencia a unos “medicamentos” lo que podría indicar que todo sería también parte del complot de los venenos para asesinar a Fouquet en la lucha entre Louvois y su rival Colbert por el poder.

 Sin embargo, han aparecido pruebas de que Dauger,  en realidad, murió en la prisión de Saint-Lazare. Los documentos que se conservan indican que Dauger ya se encontraba preso en Saint-Lazare cuando “le hombre de la máscara de hierro” entra en Pignerol. Existe ademas una carta enviada a Saint-Lazare firmada por Colbert y Luis XIV donde se dan instrucciones de que Dauger no pueda tener contacto por carta con su hermana desde una fecha determinada (se carteaban muy a menudo desde su celda de Saint-Lazare).

Esto hace suponer que Dauger solo fue un nombre falso para esconder la verdadera identidad del preso de la máscara de hierro.

 

D´Artagnan:

 Roger MacDonald, un historiador inglés, defendió la idea de que el hombre de la máscara de hierro escondería la identidad del famoso mosquetero D´Artagnan. Afirmó esto en base a los escritos de  Coutilz de Sandras, quien estuvo prisionero en la Bastilla entre 1702 y 1711 y donde habría, supuestamente, coincidido con el hombre de la máscara que le habría revelado ser D´Artagnan. Esto supondría que la figura de D´Artagnan no sería una mera invención de Alejandro Dumas como algunos estiman, sino que –aunque no hubiese sido el hombre de la máscara de hierro- sería una figura real.

En cuanto a esta hipótesis, se presenta ciertamente improbable, ya que no esta demostrado, ni mucho menos, que la figura del mítico mosquetero fuese real, aunque sí encajaría la buena relación que “el hombre de la máscara de hierro” y Fouquet mantenían en prisión, pues ambos “eran”  grandes aliados en la corte de Luis XIV. También se presenta cuanto menos extraño que de Sandras haya podido tener contacto y conversaciones regulares con la máscara de hierro, pues era un preso aislado e incomunicado con los demás.

Por otra parte, de haber sido real, D´Artagnan habría muerto en el sitio de Maastricht el 25 de junio de 1673 y  enterrado con honores por el propio Luis XIV.

 

 

El legendario mosquetero D´Artagnan. Cortesía de Wikipedia.org

 

Antonio Mattioli:

 La teoría de que detrás de la máscara de hierro se encontraba el rostro de Antonio Mattioli fue una de las teorías favoritas durante el Siglo XIX. Dado que nuestro misterioso personaje fue enterrado bajo el nombre de Marchioli, se consideró como prueba suficiente para atribuirle la personalidad de este diplomático italiano.

Mattioli era ministro, por aquel entonces, de Carlos IV, duque de Mantua. Como marques de Monferrato, Carlos IV poseía la fortaleza de Casale Monferrato.

Luis XIV, guardaba deseos de posesión sobre la misma, y estaba dispuesto a pagar 100.000 coronas por ella. El problema era que después de la ocupación francesa, la venta de la fortaleza acarrearía graves problemas, de tal manera que la transacción debía mantenerse en secreto hasta completarse.

Mattioli, que había negociado con Luis XIV, recibió grandes emolumentos de éste por su cooperación y discreción, pero cuando los franceses estaban a punto de de ocupar el castillo, Mattioli reveló el acuerdo secreto a los gobiernos rivales de Francia (España, Austria, Venecia y Saboya). Luis XIV se vio obligado a cancelar el acuerdo y no se hizo con la fortaleza hasta años más tarde.

Luis XIV consiguió apresar a Mattioli en 1679 y fue encarcelado en Pignerol.

Se ha descartado que Mattioli fuera el hombre de la máscara de hierro. A pesar de el inmenso ultraje al que sometió a Luis XIV, se tiene constancia de que Mattioli falleció en la prisión de Santa Margarita en 1694 y jamas llego a ocupar celda alguna en la Bastilla.

 

James Scott de Monmouth:

 El duque de Monmouth era un hijo ilegitimo de Carlos II de Inglaterra y su amante Lucy Walter.

A la muerte de Carlos II, su hermano Jacobo (Jacobo II) ocupó el puesto de rey de la corona Inglesa. Monmouth, que por aquella época gozaba de gran popularidad en las islas británicas por sus éxitos como comandante, lleva a cabo una revolución, en 1685, en contra de su tío Jacobo autoproclamándose como legitimo heredero al trono de Inglaterra.

Tras una cruenta batalla en Hampshire entre las tropas regulares de Jacobo II y las fieles a Monmouth, éste fue derrotado y hecho prisionero.

Según la historia, Monmouth fue ejecutado en Tower Hill el 15 de julio de 1685; aunque según la leyenda, Jacobo II habría sentido compasión por el que, en definitiva, era su sobrino y sangre de su hermano, por lo que su ejecución habría sido una farsa.

Uno de acontecimientos que ayudó a forjar la leyenda, es un extraño retrato de Monmouth. Al parecer, justo después de ser decapitado, el gobierno se dio cuanta de que no existía ningún retrato del duque en vida, por lo que se exhumó el cadáver, se le cosió de nuevo la cabeza al cuerpo, y se le recostó en un cama de modo que pareciese dormido para realizarle un cuadro.

Sin embargo, sí existían,  al menos, dos retratos de Monmouth antes de su muerte y que podemos apreciar actualmente en la National Portrait Gallery de Londres. ¿Qué empujó entonces a pintar tan macabro cuadro? Según la hipótesis de algunos, era la de demostrar la muerte de Monmouth (que en el retrato solo estaría vivo y posando) y lo que en realidad ocurrió, es que fue entregado por Jacobo II a su primo Luis XIV para que lo recluyese en alguna perdida prisión francesa  para que nadie, nunca mas, supiese de su rebelde sobrino. Se transformaría entonces en el hombre de la máscara de hierro, condenado a ocultar su identidad de por vida.

 

 

El extraño y macabro retrato de Monmouth después de ser ejecutado. Cortesía de epimg.net

 

Vivien de Bulonde:

En 1890, el historiador militar Louis Gendron descubrió unas cartas codificadas en las que se hablaba de un prisionero llamado Vivien de Bulonde. Según el ministro Louvois, este personaje era un general de los ejércitos franceses que habría ordenado la retirada de sus tropas durante el sitio de Cuneo por las milicias austriacas en 1691.

Luis XIV consideró este gesto como un acto de cobardía y alta traición hacia la corona francesa, por lo que ordenó la puesta en prisión del general. En una de las citadas cartas, Luis XIV da minuciosas instrucciones sobre el cautiverio de Bulonde:

“… que se le conduzca a la fortaleza de Pignerol, donde debe ser cerrado en una celda y custodiado en la noche, y se le permitirá caminar por las almenas durante el día con una mascara puesta”.

Las fechas de las cartas encajarían con las fechas relativas al cautiverio de el hombre de la máscara. Sin embargo, en el Siglo XVII francés, la expresión “avec un masque”, se traduciría como “con una persona enmascarada”. A la vez, tampoco encajaría en la historia el hecho de que la detención y puesta en prisión de Bulonde no fue, ni mucho menos, un secreto y fue publicado en varios periódicos de la época. Además, según las crónicas, Bulonde fue puesto en libertad poco tiempo después. Su muerte también esta registrada en 1709, seis años después de la de nuestro extraño personaje.

 

Moliere:

Uno de los candidatos mas sorprendentes sobre la identidad de la máscara de hierro fue el de este famoso dramaturgo francés. Bajo esta hipótesis, presentada por el investigador Anatole Loquin, Moliere no habría muerto en escena en febrero de 1673 a los 51 años mientras representaba “El enfermo imaginario”,  si no que habría sido encarcelado en secreto por Luis XIV debido a que sus obras no eran del agrado del monarca por mofarse de los asuntos de la corte.

Sin embargo, esta teoría se presenta insostenible, ya que Luis XIV era gran amigo y admirador de Moliere. De hecho, lo nombró director de las diversiones de la corte e, incluso, tuvo el honor de ser el padrino del primer hijo del monarca; y cuando la Iglesia se escandalizó con su obra “Tartufo”, Moliere siempre gozó del apoyo y la protección de Luis XIV. Todo ello hace muy poco creíble que la máscara de hierro fuese Moliere en persona.

 

 

Retrato de Moliere. Cortesía de Wikipedia.org

 

 El hermano secreto de Luis XIV:

 Esta fue la teoría defendida por Voltaire y que más tarde inspiraría a Alejandro Dumas para escribir su novela “El vizconde de Bragelone”. El hombre de la máscara de hierro, sería un hermano ilegitimo de Luis XIV fruto de los supuestos encuentros carnales entre su madre Ana de Austria y el cardenal Mazarino o el conde de Buckingham.

Sin embargo, Dumas pensaba que se trataba de un hermano gemelo secreto de Luis XIV por lo que estaría condenado a ocultar su rostro durante toda su vida.

Esta teoría, muy de moda en el Siglo XVIII parece que no encaja con la posible identidad del misterioso preso de la máscara. Y es que los nacimientos reales eran verdaderos eventos públicos en la Francia del Siglo XVII; la reina siempre estaba rodeada de gente, e incluso después del alumbramiento, había un gran número de personas, sirvientes y médicos con ella. De haber nacido otro niño no podría mantenerse en secreto. La verdad es que parece que la historia nacida de Voltaire sobre el supuesto parentesco entre el prisionero y Luis XIV solo fue un intento de atacar y desprestigiar la figura del monarca Borbón como gobernante absoluto del estado francés.

 

La conspiración real:

 Existe una teoría que defiende la conspiración dentro del seno de la casa real francesa pero que poco o nada tiene que ver con la existencia de un hermano del “Rey Sol”.

Esta teoría defiende que la identidad del hombre de la máscara sería la del padre “real” de Luis XIV, condenado a ocultar su identidad y su secreto.

Es sabido que Luis XIII no tuvo relaciones carnales con su mujer Ana de Austria en los veinte años anteriores al nacimiento de Luis XIV lo que, o convertiría el alumbramiento en un completo milagro, o Ana de Austria bien pudiera haber tenido un amante cuyo fruto fue legitimado como heredero al trono de Francia.

Antes del nacimineto de Luis XIV, el sucesor a ocupar el cargo de rey era el hermano de Luis XIII, Gaston de Orleans. Gaston no gozaba de las simpatías ni del propio Luis XIII ni de por el que entonces era quien llevaba los asuntos de la corona, el Cardenal Richelieu. Esta situación pudo haber forzado al famoso cardenal a buscar un candidato para intimar con la reina, darle un hijo, y así terminar con las aspiraciones de Gaston de Orleans; todo ello bajo el beneplácito de Luis XIII, quien tampoco deseaba ver a su hermano coronado como rey.

Presuntamente, quien había sido elegido para proporcionar un heredero a Francia habría sido el duque de Beaufort.

Beaufort fue un noble muy popular en la época que, supuestamente, moría en Candia en junio de 1669. Según la historia, cayó presa de los turcos, los cuales le apresaron, le asesinaron y lucieron su cabeza por las calles de Estambul a modo de trofeo.

Pero, lo que parece, es que tal vez no haya sido capturado por los turcos, si no detenido secretamente por la guardia francesa por orden del Luis XIV.

 Se piensa que, tres años antes, en su lecho de muerte, su madre Ana de Austria habría confesado a Luis XIV quien era su verdadero padre y el secreto real que ella, Richelieu y Luis XIII guardaban. Cuando su madre hubo fallecido, el único superviviente sobre el secreto de la concepción de Luis XIV era el duque de Beaufort. Puede que temiendo el escándalo y futuras luchas por la legitimidad de la sucesión en Francia si el duque decidía desvelar todas los secretos y vergüenzas reales, Luis XIV lo hubiese hecho apresar sirviéndose de la contienda contra el ejercito otomano y lo hubiese confinado de por vida en lugar de asesinarlo. El duque era toda una personalidad en Francia, por lo que lo se habría ocultado bajo una máscara perpetua prohibiéndole hablar fuera de lo puramente necesario.

Esta hipótesis parece poco probable si consideramos la época en la que el hombre de la máscara de hierro actuó como sirviente de Fouquet. Si nos ceñimos a la mentalidad de entonces, era totalmente impensable someter a un descendiente de sangre real a cualquier actividad que rebajase su dignidad. Los miembros de la mas alta alcurnia de la aristocracia podían ser encarcelados o ejecutados, pero jamas se les reduciría a la condición de sirvientes.

El duque de Beaufort… ¿Padre secreto de Luis XIV?

 

Un preso anónimo:

 Puede que la leyenda del hombre de la máscara de hierro solo se haya transformado en parte de un mito de la época para desprestigiar el régimen absolutista de los Borbones entre una sociedad que ya ansiaba aires de cambio y libertad. El hombre de la máscara bien puedo ser un preso común, un fantasma perdido entre el sistema gubernamental y penitenciario de la época, donde no era algo excepcional cubrir el rostro de los condenados en publico. Tal vez solo era un prisionero relacionado con el L´affaire des venenos (el asunto de los venenos) que pasó el resto de sus días viajando de penal en penal y de celda en celda.

 

Lo que si perdura hasta la actualidad es por qué este personaje es encarcelado con tantas precauciones y, si su delito era tan gravoso o peligroso, no fue ejecutado. Queda claro que se le consideró tan sumamente importante (u odiado) que se estimó necesario no solo aislarlo para impedirle revelar lo que fuera que conocía, sino que también se cuido de esconder escrupulosamente su rostro que, quien sabe, tal vez contendría un secreto en si mismo…

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El Rito del UrushDaur

El desconocido rito del UrushDaur comenzó a practicarse hace aproximadamente 11.000 años por las primeras culturas que poblaron Mesopotamia.  Su función principal consistía en arrebatar el espíritu de un cuerpo para albergar en el a otro ser.

Pese a lo increíble que parezca, los escritos sumerios originales encontrados en las ciudades del norte del actual Irak cuentan con detalles su práctica e incluso incorporan estadísticas de éxito, la correcta selección de los jóvenes candidatos y algunas de las más importantes posesiones efectuadas.

Podemos pensar que todo obedece a un mito o leyenda, pero la meticulosidad de los datos ofrecidos por aquellas lejanas culturas nos hace pensar seriamente que la usurpación de cuerpos por otras almas era un acto real que estaba limitado en su ejecución a los sacerdotes y  sacerdotisas de aquellos ancestrales pueblos.

¿Puede que actualmente alguna poderosa facción de la oligarquía mantenga vivo semejante rito sangriento?

¿Qué su estirpe perdure para dominarnos intemporalmente?

¿Absurdo?… Quizás, no tanto.

En el siguiente videoprograma hablamos con detalle de todo esto

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Premoniciones Famosas

Hace unos días  JL exponía en un videoprograma la posibilidad de ver el futuro. Hoy, en este post, quisiera mostrar que existen cientos de premoniciones, sueños, visiones… sobre futuros acontecimientos que han pasado a la historia por su exactitud y, como a modo de advertencia, sus vaticinios se cumplieron con bastante precisión. De entre ellas son especialmente famosas aquellas que tienen que ver con diferentes catástrofes que acabaron cobrándose las vidas de decenas o cientos de personas. Me gustaría hacer una modesta recopilación de aquellas que pasaron a la historia como ejemplo de que, tal vez y de alguna manera alguien, en algún momento, pueda ver o intuir un acontecimiento futuro.

 

EL TITANIC:

 

En 1898, catorce años antes de la fatídica noche del hundimiento del transatlántico más famoso de todos los tiempos, se publica una obra literaria titulada “Futilidad”, escrita por el autor estadounidense Morgan Robertson. Esta novela corta, relata el naufragio del “ transatlántico más grande construido por el hombre”, el “Titán”. Este imaginario buque impacta contra un iceberg y se hunde en una noche de abril llevándose consigo la vida de la mayoría de sus pasajeros al no contar con el numero suficiente de botes salvavidas. Las coincidencias no terminan ahí pues Morgan Robertson parece que detalla, casi a la perfección, datos técnicos que se asemejan de manera sorprendente a los del “Titanic” real. El “Titán” se hunde una noche de abril, el Titanic se hundió el 10 de abril de 1912; el Titán comienza su viaje desde el puerto de Southampton, el Titanic zarpó desde la misma localidad inglesa (Southampton); el Titán pesaba 70.000 toneladas, el Titanic 60.000; la eslora del Titán era de 800 pies, la del Titanic era de 882.5 pies; la velocidad que podía alcanzar el Titán era de 25 nudos, la del Titanic también era, exactamente, de 25 nudos; el Titán contaba con tres hélices, las mismas que tenía el Titanic; el Titán podía transportar 3000 pasajeros, la misma capacidad que poseía el Titanic; en la novela, el Titán llevaba a bordo 2.000 pasajeros, el Titanic transportaba 2.230; el Titán contaba con 24 botes salvavidas, el Titanic real con 20; el Titán poseía 19 compartimentos estancos, el Titanic tenia 15; el Titán era empujado por la fuerza de 3 motores, el Titanic eran también arrastrado por 3 motores; el impacto del iceberg con el Titán se produjo por el lado de estribor, al igual que sucedió en la tragedia del Titanic; por último, el Titán naufragó a 400 millas de Terranova, el Titanic real zozobró, exactamente, a 400 millas de Terranova.

 Lo más curioso o enigmático de todo el asunto es que Morgan Robertson declaró durante toda su vida que la inspiración para escribir la novela le había venido de un “colaborador astral” el cual le había revelado los detalles de la tragedia en un sueño premonitorio. Además, su novela comenzó a gestarse nueve años antes del comienzo de los trabajos de construcción del Titanic, incluso antes de su concepción como proyecto, por lo que Robertson no pudo inspirarse para escribir su obra en ninguna clase de información real, pues tampoco existía en la época ningún navío semejante.

 La obra “Futilidad” podría considerarse como una de esas misteriosas premoniciones que acabaron convirtiéndose en realidad. Además también se dice que muchas de las personas que estaban a punto de embarcar en el famoso viaje inaugural del mítico transatlántico anularon sus reservas porque habían tenido similares premoniciones catastróficas sobre que el viaje del Titanic acabaría en tragedia.

 

 titanic

 

EL VUELO DC-10 DE AMERICAN AIRLINES

 

En mayo de 1979, David Booth, un oficinista de Cincinnati (Ohio), es atormentado por una pesadilla en la que presencia una catástrofe aérea en un aeropuerto del país. Ve, durante varias noches, como un gran jet con los colores de la bandera de Estados Unidos levanta el vuelo de manera extraña y, como consecuencia de ello, se inclina súbitamente de costado y se estrella contra la pista dejando una gran explosión de fuego y humo.

El sueño, que se repite durante varias noches, le va revelando a Booth más detalles sobre la catástrofe, de tal manera que David acaba acudiendo a un psiquiatra y presentándose en el aeropuerto de Cincinnati para advertir del desastre.

A pesar de lo disparatado de la situación,  los técnicos del aeropuerto toman en serio el aviso de Booth y tratan sin éxito de adivinar, según los detalles que proporciona, de que aeropuerto se trata. Además de eso, la compañía American Airlines refuerza sus medidas de seguridad en sus grandes aviones y llevan, en algunos casos, pormenorizadas revisiones de mantenimiento.

 Todo ello no fue suficiente; el 26 de mayo de 1979, el vuelo DC-10 de American Airlines se estrella súbitamente al despegar del aeropuerto de Chicago con una total coincidencia con los detalles que Booth había proporcionado como consecuencia de sus visiones. 237 personas perdieron la vida y las pesadillas de Booth se terminaron…

 

 

Momento en que el vuelo DC10 de American Airlines vira de manera brusca de costado antes de estrellarse mientras despega del aeropuerto de Chicago. Imagen cortesía de securiteaerienne.com

 

 

EL ACCIDENTE DEL R101

 

Los salones y camarotes flotantes de este lujoso dirigible de origen inglés eran como los de cualquier transatlántico. Como el Titanic, el R101 era el mayor y mas lujoso dirigible construido hasta entonces y su viaje inaugural del 4 de octubre de 1930 tenía como destino la India.

En Inglaterra, dos mujeres habían tenido un inquietante presagio sobre que el vuelo del R101 acabaría de manera trágica. Una era Emilie Hinchliffe, viuda de un piloto desaparecido en el Atlántico dos años antes; la otra, la medium Eileen Garrett quien afirmaba que el marido de la primera había mostrado su preocupación sobre el destino del R101 en algunas sesiones mediúmnicas en las que ambas mujeres participaron. Así mismo, Emilie había tenido varios sueños en los que un gran dirigible humeante caía del cielo.

Después de varios días, Emilie optó por informar de sus temores al teniente Johnston, un amigo de su marido que había participado en la construcción del R101. Aunque Johnston se mostró muy cortes con la “viuda” de su camarada, no hizo caso de sus advertencias.

Meses después, cuando ya se habían hecho patentes numerosos fallos y problemas técnicos en la aeronave, Eileen comunicó sus inquietudes al capitán Sir Sefton Brancker, director de Aviación Civil. Brancker también hizo oídos sordos a las advertencias de Eileen y aseguró que la nave volaría y que el mismo sería uno de sus pasajeros, convencido de la seguridad del R101.

Sifton Bracker, así como 46 de de los 52 tripulantes del R101 encontró la muerte cuando, a las 2.08 de la madrugada del 5 de octubre, una tormenta sorprendió al dirigible sobre los cielos de Francia y le hizo estrellarse, envuelto en llamas, en una colina cercana a París.

 

 

 

Catástrofe del dirigible R101. Imagen cortesía de euro-tongil.org

 

 

LA TRAGEDIA DE LA ESCUELA DE ABERGAN

 

El 21 de octubre de 1966, un derrumbamiento de tierra sepultó el colegio de la pequeña aldea de Abergan (Gales) que quedó sumergido bajo 500.000 toneladas de polvo de carbón.  El accidente se cobra la vida de 122 niños, entre ellos el de una pequeña llamada Eryl Mai Jones, de 10 años de edad.

 En una posterior investigación dirigida por el Dr. Juan Barker se recogió el testimonio de algunos testigos que habían afirmado que la niña había precedido la catástrofe y su propia muerte. Dos días antes del fatal derrumbamiento la niña se acerca a su madre y le dice que no tiene miedo a morir pues entonces se reunirá con Jesús, que ve todo negro en torno a ella y que pronto estará al lado de sus amigos Peter y June.

El día antes de la catástrofe Eryl Mai le cuenta de nuevo a su madre que había tenido un sueño en el que veía como la escuela había desaparecido ya que “algo negro se la había tragado”.

Hoy en día la pequeña se encuentra enterrada en el cementerio local, flanqueada, efectivamente, por las tumbas de sus amigos Peter y June.

Tragedia de la localidad de Abergan (Gales). Imagen cortesía de i.dailymail.co.uk

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¿Una mujer al frente de la Iglesia Católica? La Leyenda de la Papisa Juana

Ya que el tema del Papado (por razones obvias) es la moda del momento y que yo mismo he abordado en un par de artículos anteriores haciendo publicas mis sospechas sobre que ocurrió en realidad con Benedicto XVI y la figura del nuevo Sumo Pontífice (con la que no pretendía molestar a nadie, solo expresar mi personal punto de vista empujado por las fuentes consultadas que me llevaron a concluir que todo había sido un premeditado golpe de estado dentro de los muros vaticanos movido por el interés en mantener el statu quo dentro de la banca vaticana) hoy he decidió escribir este articulo sobre una figura que se mueve en medio de la historia y la leyenda. Se trata de la conocida como Papisa Juana, una figura que, según la tradición, capitaneó los designios de la Iglesia Católica en el siglo IX.

 

Según la leyenda, mas o menos a partir del año 1000, la Iglesia habría llevado a cabo (durante 5 siglos) una oscura ceremonia dentro de los muros del palacio de Letrán. Todos aquellos que iban a ser nombrados como nuevo Papa, eran obligados a tomar asiento en una especie de trono perforado por el que un diacono tenía como oficio (o como hobby,  quién sabe) verificar palpando, la presencia de los atributos masculinos del candidato. La Iglesia ha negado la existencia de esta ceremonia, pero testimonios como los de Adam de Usk o Jacobo de Angelo confirman la existencia de tal ritual, así como también lo confirma un raro ejemplar de este polémico trono que se guarda en el museo de Louvre de París.

 

 

¿Reminiscencia de un antiguo ceremonial para confirmar la masculinidad del Sumo Pontífice? Imagen cortesía de ferelcoyote.files.wordpress.com

 

¿Tal vez la Iglesia instauró este ceremonial debido a que una mujer habría sorteado las restricciones de genero que la propia institución se había autoimpuesto? Para comprender mejor los detalles necesitamos conocer quien fue esta enigmática figura femenina que, supuestamente, un día se sentó en el mismísimo trono de Pedro en Roma.

 

Juana‘ nació en el año 822 en Ingelheim, cerca de Maguncia (Alemania). Se caracterizaba por ser una joven muy inteligente y ávida de conocimientos, que se decide a viajar a Atenas con el interés en instruirse y aumentar sus sapiencias. Juana tuvo la poca fortuna de vivir en una época en la que la cultura era patrimonio exclusivo de la Iglesia y del genero masculino por lo que, para realizar sus estudios, se hace pasar por un joven copista tomando el nombre de «Juan el Inglés«.

 Este subterfugio le permite visitar y viajar por las mas importantes abadías, entre ellas la famosa Saint-Germain-des-Prés (Francia). Cuando vuelve a Roma en torno al 850, “Juan el Inglés” es por aquel entonces considerado como un joven erudito, piadoso y, sobre todo, tocado por la gracia de la belleza.

 La Curia lo nombra Cardenal y el Papa de por entonces, León IV, le da poderes para negociar en los asuntos internacionales de la Santa Sede. Cuando León IV fallece en el 855, inmediatamente se piensa en “Juan” como su sucesor. Nadie conoce, por supuesto, su verdadera identidad y Juana accede al trono pontificio con el nombre de Juan VIII “el Angelical”, (aunque algunos le atribuyen el sobrenombre de Benedicto III).

 Juan VIII desempeña su  cargo con gran destreza y dedicación hasta abril de 858. Durante una fiesta de Rogativas, se desploma repentinamente en plena calle y, ante la atónita vista del gentío presente, da a luz un niño (supuestamente fruto de sus escarceos carnales con el embajador Lamberto de Sajonia) y muere en las horas siguientes al parto; fruto de una lapidación a la que la sometió una muchedumbre iracunda o como consecuencia del alumbramiento. El escándalo entre los fieles a la Iglesia es mayúsculo y la Papisa es enterrada a escondidas en un lugar secreto no consagrado. Se dice que este lugar pudiera estar ubicado en una estrecha callejuela entre El Coliseo y la Iglesia de San Clemente.

Miniatura realizada para el «Decamerón» de Boccacio (Siglo XV) donde se muestra a la Papisa dando a luz en plena procesión. Imagen cortesía de sobreleyendas.com

El dominico Martin de Troppau es quien nos relata la historia de la Papisa en un libro del siglo XIII titulado “Chronicon pontificum et imperatorum” (Crónica de Papas y emperadores). Algunos años antes es otro dominico, Esteban de Borbón, quien da testimonio del Papado de una mujer, aunque este lo sitúa en torno al 1100. Y no los solo estos dos sacerdotes dominicos atestiguan de este acontecimiento, otras fuentes anónimas anteriores proclaman la existencia de Juana y su pontificado. El propio Papa León IX remitiría una carta fechada a mediados del siglo XI al Patriarca de Constantinopla en la que se nombra a “una mujer que ocupó del trono de los pontífices de Roma”.

 A principios del siglo XV la existencia de la Papisa es ampliamente aceptada por la Iglesia dando fe de la historia de la misma, por lo que se intuye que no fue un bulo creado para desprestigiar a la Santa Sede por parte de alguno de sus detractores. Bien por el contrario, no sería hasta el año 1562 cuando Onofrio Panvinio, un monje agustino, puso en tela de juicio la existencia del personaje de Juana en su obra “Vitae Pontificum” (Vida de los Papas) a quien mas tarde se le uniría también el protestante David Blondel en 1647.

 Sus argumentos se basaban en la inviabilidad de la historia de la Papisa pues no podían concebir que una mujer lograse disimular su sexo durante largos años solo por el hecho de haber adoptado un nombre falso y vestirse con ropajes masculinos. Esto chocaría con la propia historia de la Iglesia Católica (que había admitido la existencia de Juana) así como los casos de las beatas Hildergarda, Eufrasia y Eugenia que parecen haber convivido con monjes hasta el momento de su muerte disfrazándose con atuendos masculinos.

 Por otro lado, parece poco plausible que pueda haber existido un papado entre el de León IV y Benedicto III. León IV murió el 17 de julio de 855 y Benedicto III fue coronado tan pronto como aquel falleció. Aunque esto abriría la puerta a pensar que, tal vez, la figura de la Papisa correspondiese con la figura de Benedicto III, ya que su existencia no se menciona en el más antiguo ejemplar del “Liber pontificalis”. Benedicto III era un personaje de gran belleza física y, según los cronistas, con una profunda aversión por aparecer en publico. A parte de estos escuetos adjetivos, poco se sabe de la figura de este Papa, salvo que murió súbitamente el 17 de abril de 858 victima de un antipapa (Anastasio) y que en realidad fue enterrado fuera de la Basílica de San Pedro según su propia voluntad pues “no era digno de estar junto a los santos”. Todos los hechos de la vida de Benedicto podrían encajar a la perfección con los detalles de la existencia de Juana, aunque algunas fuentes presentan a Benedicto III como un hombre mayor, con una poblaba barba y que, supuestamente, sus restos sí reposan entre los demás pontífices en la Iglesia de San Pedro de Roma.

¿Acaso la Iglesia habría rebautizado a Juan VIII como Benedicto III y habría creado esta falsa personalidad para ocultar el verdadero sexo de este pontífice?

 

De hecho, se dice que el origen de la leyenda sobre un Papa mujer viene por el verdadero Juan VIII, coronado como Papa en el 872. Parece que a este pontífice se le atribuyó el sobrenombre de “la Papisa” por su carácter débil frente a los sarracenos, así como por sus gestos amanerados que quizás guardaban una tendencia homosexual del mismo. ¿Acaso sería este el fruto que llevó a pensar a muchos cronistas posteriores que la figura del verdadero Juan VIII era en realidad el de una mujer? No podríamos lanzar una respuesta y, actualmente, la historia de la supuesta mujer al frente de la Iglesia Católica continua siendo, al menos de manera oficial, una simple leyenda…

¿Existio realmente la Papisa Juana? Imagen cortesía de ronaldodeynigo.blogspot.com

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Las Misteriosas «Huellas del Diablo» de Devonshire

En el año 1855 unas extrañas marcas en la nieve, que fueron identificadas como huellas, aparecieron a lo largo de más de 150 kilómetros en la región de Devonshire, situada al suroeste de Inglaterra.

Aquel año, las nevadas habían sido especialmente copiosas en la isla británica. La mañana del 8 de febrero, los habitantes de la región de Devonshire descubrieron con asombro una serie de marcas en la nieve que fueron descritas como “marcas de pezuñas” dejadas por alguien o algo a lo largo de decenas de millas. Las huellas presentaban características sumamente extrañas, sus dimensiones eran de diez centímetros de largo por siete de ancho, marcaban un “paso” de unos veinticinco centímetros de largo, todas se encontraban perfectamente alineadas (como producidas por alguna extraña criatura que caminase sobre una sola pata o “a la pata coja”) así como que la nieve no estaba apisonada al fondo de las mismas, sino que por el contrario su marca era perfectamente llana, como si la nieve se hubiese derretido al contacto. A este respecto, algunos testigos afirmaron que jamas habían visto “huellas tan claramente marcadas en un campo de nieve” y que, tras ellas, la nieve tenía la apariencia de “haber sido marcada como por un hierro al rojo”. Ademas, no parecían desviarse ante ningún obstáculo. Así, si las huellas se detenían cerca de una valla de varios metros de alto, estas no bordeaban la estructura, sino que retomaban su camino inmediatamente detrás sin tampoco haber dejado marcas de haber saltado o sorteado la barrera de alguna manera. Lo mismo sucedía cuando las huellas llegaban a algún establo o pajar… sin embargo se tornaban aun mas enigmáticas cuando llegaban a alguna casa, ya que entonces, estas aparecían sobre el tejado de la misma o atravesaban un conducto de drenaje de solo 15 centímetros de diámetro.

 

 

Dibujo publicado en febrero de 1855 de las huellas observadas en Devonshire… ¿Qué extraño animal con cascos pudo dejar huellas alineadas de esa manera?

 

 

Los habitantes de la zona no daban crédito ante el hallazgo y no eran capaces de imaginar que animal habría podido dejar unas marcas similares a aquellas y como podía atravesar los diferentes obstáculos que se encontraba por el camino. Pronto, la palabra “diablo” comenzó a resonar en las mentes de  los lugareños que, aterrorizados, evitaban salir por las noches. Así mismo, se crearon cuadrillas de hombres provistos de armas y perros de caza con la intención de “batir” aquel desconocido animal. Nunca fueron capaces de atraparlo, aunque algunos miembros de la patrulla habían afirmado que, al llegar a uno de los bosques cercanos, los perros habían comenzado a mostrarse inquietos y aullar, lo que había provocado una sensación de turbación entre los hombres que no se atrevieron a aventurarse en lo mas frondoso del mismo.

 

Una semana después del misterioso hallazgo, el 16 de febrero, el diario británico London Times se hacia eco de la noticia;  pero quien más cobertura dio al extraño suceso fue el diario “Illustrated London News” que recogía la siguiente narración el 25 de febrero de 1855:

 

“… en toda la comarca, las huellas eran exactamente del mismo tamaño y el paso del mismo largo. Este visitante misterioso no pasó, en general, más que una vez por cada jardín o cada patio, así como por casi todas las casas de los barrios urbanos y en las granjas vecinas. […] Atravesaban los muros como si no constituyesen el menor obstáculo. Los jardines rodeados de altas empalizadas o muros, y cuyas puertas estaban cerradas, fueron tan cruzadas como aquellos que estaban sin protección. […] Dos habitantes de la comuna siguieron una linea de huellas durante tres horas y media pasando bajo hileras de arboles frutales en espalderas, perdiendo luego la pista de las huellas y reencontrandolas sobre el techo de las casas a las que su búsqueda les había llevado…

 

Pronto las gentes londinenses tildaron a los habitantes de la provincia como poco versados y tendentes a la superstición y a los terrores infundados solo existentes en las humildes e iletradas mentes de los habitantes de los pueblos. Quien sí se interesó por el fascinante y extraño caso de las huellas fue un naturalista de Devonshire quien afirmó que tales marcas no podían corresponder mas que a alguna criatura única y no conocida, pero… ¿Qué animal de un tamaño posiblemente modesto podría haber recorrido una distancia de mas de 150 kilómetros en una sola noche en medio de una tormenta de nieve?

 

El famoso paleontólogo inglés Richard Owen afirmó que “ningún animal conocido deja un rastro de pasos rectilíneo, ni siquiera el hombre” y, al examinar los dibujos de las huellas, concluye de manera sorprendente que se debían al rastro de un grupo de tejones; hipótesis del todo descabellada pues las huellas no podían corresponder a un grupo de animales a menos que todos se hallan movido a la vez y pisando exactamente en el mismo lugar del compañero que le antecedía;  además las huellas en ningún caso obedecían a la típica tipología de un animal con “garras”, si no que por el contrario eran similares a las de un animal con pezuñas. Otras hipótesis que fueron cayéndose una tras otra defendían ideas tan variadas como la obra de un bromista (¡), huellas de grandes pájaros empujados a las costas por el mal tiempo (probablemente una avutarda), sapos, una rata, una liebre coja e, incluso, no falto quien se atrevió a aventurar que había sido el rastro dejado por un canguro escapado de algún zoológico. La idea del marsupial respondió a la necesidad de buscar un animal que pudiese saltar algunos obstáculos para así apartar de las gentes la idea de que el diablo se había paseado por la región. La hipótesis nació de las palabras del párroco local, el reverendo Musgrave, en el sermón dominical ante sus asustados feligreses; de hecho, posteriormente, Musgrave declaró: “… no tengo confianza alguna en tal explicación […] pero la idea se opone a la impresión peligrosa, desagradable y falsa de que podía tratarse del diablo. Mi palabra fue en el momento oportuno y fue sin duda saludable

 

Y es que la mayoría de lo habitantes de Devonshire continuaban creyendo que las huellas habían sido dejadas por el mismísimo diablo, aunque los mas escépticos aceptaban la idea de que el animal misterioso podría haber sido un burro por el tipo de huellas ya que estas parecían presentar características muy similares a las de un animal dotado de cascos en sus extremidades. Sin embargo, nadie fue capaz de explicar como un burro pudo haber trepado a los tejados de las casas, cruzar conductos de escasos centímetros de diámetro o atravesar el tercer piso de una casa…

 

Los meses pasaron, aquel extraño invierno de 1855 y su misterioso visitante se fueron y nunca más volvió a manifestarse. Los periódicos fueron poco a poco olvidando la noticia y el misterio aun perdura entre los investigadores que trataron de arrojar alguna clase de luz sobre tan enigmático rastro. Jamas se encontró el animal (conocido o por conocer) que hubiese sido capaz de dejar un rastro como aquel, las suposiciones que apuntaban a alguna suerte de fenómeno meteorológico tampoco resultaron para nada concluyentes.

 

Y estas no fueron las únicas marcas enigmáticas que aparecieron en algunos lugares del mundo. El Times del 14 de marzo de 1840 ya había dado testimonio de unas extrañas huellas que también se extendían a lo largo de varios kilómetros en Glenorchy (Escocia). También se encontraron “pisadas” similares en Nueva Zelanda (1886), en Nueva Jersey (1908), Bélgica (1945), nuevamente en Devonshire (1950), en Escocia (1952) y, más recientemente, en las laderas del monte Etna (Sicilia) en 1970. El Illustred London News también recogió, con posterioridad, el testimonio de un medico polaco de Heidelberg que afirmaba que en la frontera de Galitzia, en la Rusia polaca, se encuentran, todos los años, unas huellas completamente idénticas a las de Devonshire en la nieve. Según el testimonio de este anónimo corresponsal, “los habitantes las atribuyen a influencias sobrenaturales”.

 

¿Qué extraña criatura pudo haber dejado sobre la nieve semejante rastro? Más de un siglo y medio después, aquel misterioso visitante que recorrió las praderas de Devonshire durante la noche del 8 de febrero de 1855 permanece en el mas absoluto de los misterios…

 

 

¿Fue una extraña criatura demoníaca, como la que aparece en la imagen, la que se paseó por la región de Devonshire en 1855? Imagen cortesía de elcaminoacasa.com

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Abeyas, abiejas, abejas…

 

 

Antes que alguno diga la habitual parida, decir que el título de la entrada obedece a diferentes nomenclaturas que a tal insecto se le ha dado en la heráldica española. Dicho esto, hoy quiero hablarles de un tema sumamente interesante: La desaparición de las abejas.

La desaparición masiva de cientos de millones de abejas en todo el mundo preocupa a los científicos desde hace años. La alarma saltó en el año 2006, cuando se afirmó que las abejas estaban desapareciéndo. Aunque este problema ya venía de lejos y pueden rastrearse casos hasta los años noventa del siglo pasado. Desde entonces el número de estos insectos ha disminuido de forma desmesurada, el denominado problema del «colapso de las colonias» (CCD, por sus siglas en inglés), cuyo origen todavía no ha sido resuelto.

Muchas teoría se han lanzado al respecto pero parece ser que es la exposición a una combinación de pesticidas de uso común en la agricultura los que están detrás de tan singular evento.

Según dos nuevos estudios publicados en la revista Nature Communications, este cóctel de sustancias interfieren en los circuitos de aprendizaje en el cerebro de los insectos, de forma que los vuelven más lentos a la hora de asimilar nuevos conocimientos o se olvidan por completo de asociaciones importantes para su supervivencia, como la relación entre el aroma floral y la comida. Dicho de otro modo: Las abejas, literalmente, se vuelven tontas.

Ha sido el equipo de Christopher Connolly, de la Universidad de Dundee (Inglaterra), quien ha investigado el impacto de dos insecticidas (los llamados neonicotinoides y coumaphos, utilizados en las colmenas para matar el ácaro Varroa)  sobre los cerebros de las abejas.

Para ello, las abejas con cerebros sanos fueron expuestas a estos pesticidas en el laboratorio en los niveles que existen en el medio natural, registrándose después su actividad cerebral. Los investigadores recogieron que ambos tipos de pesticidas actuaban en la misma zona del cerebro, la implicada en el aprendizaje de la abeja, causando una pérdida de la función. Si ambos plaguicidas eran empleados en combinación, el efecto era aún mayor.

abeja

Este estudio es el primero en demostrar que estos pesticidas tienen un impacto directo sobre la fisiología del cerebro de las polinizadoras. A tal punto, se ha de recordar que un amplio número de plantas dependen directamente de las abejas, para su reproducción.

Geraldine Wright y Sally Williamson, de la Universidad de Newcastle, mostraron en otro estudio, que la combinación de estos mismos pesticidas afecta al aprendizaje y la memoria en las abejas. Estableciendo que cuando las abejas son, o han sido, expuestas a combinaciones de los pesticidas durante al menos cuatro días, cerca de un 30% no son capaces de aprender o realizan de una forma deficiente las pruebas de memoria. En este experimento los niveles de plaguicidas eran, también, los mismo que se encuentran en la naturaleza.

Segun Wright: «Las polinizadoras realizan conductas complejas mientras se alimentan que les obligan a aprender y recordar los rasgos florales asociados a los alimentos. La interrupción en esta importante función tiene implicaciones profundas para la supervivencia de la colonia de abejas, porque las abejas que no pueden aprender no serán capaces de encontrar comida.»